Desciendo de un padre que escribía cuentos por capítulos, a máquina, con las oes agujereadas en aquel delicado papel de avión, y los envíaba volando desde el Atlántico Sur. Desciendo también de una madre, Maricha, que era la mejor narradora del mundo, la que nos los leía en voz alta antes de irnos a dormir. Alguien con un talento natural para explicarse y explicarlo todo, que era capaz de convertir lo más nimio y cotidiano en un relato apasionante. Soy, en fin, heredera de las Marichas que me precedieron e hicieron de mí una contadora de historias reales que transcienden.
La curiosidad por entender y-perdón por la inmodestia- la capacidad de transmitir vienen de serie… Convencida, además, de que es precisamente esa curiosidad por entender lo que nos rodea, por ampliar siempre el horizonte, el pulso más certero de estar vivos.
Qué te parece… ¿nos contamos?